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viernes, 11 de marzo de 2016

Jeff The killer

Extraído de un periódico local:
Siniestro asesino todavía está prófugo
Tras varias semanas de asesinatos inexplicables, el misterioso asesino todavía acecha por la zona. Después de que se dieran a conocer diversas evidencias sobre los crímenes, una valiente joven, que afirma haber sobrevivido al ataque del monstruo, ha decidido revelarnos su historia:
“Tuve una pesadilla y me desperté a medianoche. Yo había cerrado la ventana antes de dormirme, pero miré y por alguna razón estaba abierta. Entonces me levanté y la cerré de nuevo, me arropé e intenté calmarme y volver a dormir. Pero una sensación extraña me impedía conciliar el sueño, era como si alguien me estuviera observando. Casi salto de la cama cuando miré hacia arriba y vi que entre las cortinas, que apenas estaban iluminadas por la pálida luz que se filtraba de la calle, había un par de ojos.”
“Nunca podré olvidar esos ojos. A veces los veo cuando intento dormir y me despierto con el corazón agitado. Eran oscuros y siniestros, y además estaban bordeados de negro, como si fuera un demonio. Después me aterroricé aún más cuando le vi la boca. Tenía una sonrisa anormalmente larga, horrenda y perversa. Esa sonrisa hizo que me dieran escalofríos y se me erizaran todos los vellos del cuerpo. Era la sonrisa de un psicópata, o de algo peor…”
“Yo temblaba, pero él solo se quedaba ahí, mirándome fijamente y deleitándose con mi miedo. Después habló y me dijo con voz demencial: Ve a dormir.”
“No se imagina cómo lo dijo. Yo me asusté tanto que grité, y entonces él sacó un cuchillo, abrió la ventana rápidamente y saltó hacia mí. No sé por qué, pero intuía que quería clavármelo en el corazón. Por suerte pude esquivarme y alcancé a darle una patada bien fuerte, pero el tipo me sujetó y trató de tocarme. Habría muerto si no fuese porque en ese instante mi padre abrió la puerta, pero el maldito se levantó y le clavó un cuchillo en el hombro.”
“Creo que Dios estaba conmigo esa noche, porque alguien se había dado cuenta de todo antes y las luces azules y rojas de la Policía alumbraron mi pieza justo cuando ese monstruo iba a matar a mi padre. Por suerte el asesino se acobardó, lanzó a mi padre contra la pared y salió corriendo por el pasillo. Segundos después escuché un ruido de vidrio rompiéndose, y al salir de mi cuarto vi que el asesino había roto la ventana que daba a la parte posterior de mi casa. No pude evitar la curiosidad y corrí a asomarme por la ventana rota: el tipo corría y corría, agitando los brazos como un demente. Segundos después llegaron los policías y todo se calmó, pero créame que jamás olvidaré esa sonrisa psicótica y esos ojos fríos de mirada diabólica.”
Expuesto el testimonio de la valiente joven, informamos al lector que la Policía todavía continúa buscando al asesino. Si usted ve a alguien que encaja con el psicópata antes descrito, por favor comuníquelo inmediatamente al departamento de policía local.
Después de leer el fragmento de diario, ya saben qué es lo que hace Jeff, aunque todavía deben estarse preguntando por qué lo hace. Para responder esa pregunta, tendremos que viajar al pasado.
 .
El origen de Jeff
El padre de Jeff había conseguido un ascenso en el trabajo, y gracias al nuevo sueldo decidió que la familia se mudaría a un nuevo vecindario de mejor posición. Vivirían en una de esas casas grandes y bellas que muchos sueñan o envidian, pero por lo pronto había que desempacar todo y Jeff y su hermano Liu no podían quejarse.
Mientras Jeff y Liu desempacaban todo, una vecina pasó a saludarles. “Hola, me llamo Bárbara y vivo al otro lado de la calle. Solo vine a presentarme a mí y a mi hijo.”, dijo la mujer, que inmediatamente llamó a su hijo tras ser saludada: “¡Billy, ven a conocer a nuestros nuevos vecinos!”. Tímidamente, Billy se acercó, saludó con un movimiento de mano y un “hola”, y salió corriendo a jugar en el patio de su casa.
Poco después, se abrió la puerta de la nueva casa y apareció la madre de Jeff: “Mucho gusto. Yo soy Margaret, éste es mi marido Peter y esos dos son mis hijos, Jeff y Liu.”. Bárbara respondió al saludo, Jeff y Liu se presentaron, y entonces la mujer aprovechó para invitarlos al cumpleaños de su hijo. Jeff y su hermano protestaron, pero Margaret los calló con la mirada, pidió perdón a nombre de ellos y le dijo a Bárbara que sus hijos estarían encantados de ir al cumpleaños.
“Mamá, ¿por qué nos haces ir a una fiesta infantil? Yo ya soy grande y me va a dar vergüenza estar rodeado de niños”, dijo Jeff. Su madre respondió: “Hijo, recién nos acabamos de mudar. Tenemos que agradarles a nuestros vecinos, y rechazar una invitación es un poco pesado. Tú y tu hermano irán, eso no se discute”.
Con cara de amargura, Jeff se va a su cuarto, cierra la puerta, y se tira boca arriba en la cama. Se queda mirando al techo, pero de pronto siente algo extraño. No es doloroso y sin embargo es desagradable, mas Jeff le resta importancia y lo deja pasar.
A la mañana siguiente, Jeff baja las escaleras, se sirve un plato de leche con cereal y se sienta a comer con su hermano. Todo parece normal, pero de pronto lo asalta la misma sensación extraña del día anterior, aunque esta vez más fuerte, como un tirón ligeramente doloroso. Nuevamente ignora la sensación, termina de desayunar y sale con su hermano a esperar el autobús.
En medio de la espera, oyen venir a un chico en patineta, que salta a unos pocos centímetros por encima de sus rodillas, cae cerca de ellos, Jeff exclama “¡hey!, ¡¿qué diablos?!”, el chico se levanta, los mira, patea la patineta, la agarra con ambas manos y camina hacia ellos.
Parece tener once años (un año menos que Jeff), lleva una camiseta de Aeropostal y unos jeans azules algo rasgados. “Bien, bien, bien. Parece que aquí hay algo de carne nueva”, dice el chico de la patineta a Jeff y a su hermano, con un tono de “amo del lugar” bastante irritante. Segundos después, aparecen dos chicos más, uno bien delgado y el otro enorme para su edad.
— Bueno, bueno, bueno, veo que son nuevos en el barrio y me gustaría presentarnos. Yo soy Randy, el de ahí es Keith y ese otro es Troy. Ustedes son nuevos y no lo saben, pero todos los niños de este barrio tienen que pagar un costo adicional para el pasaje, si entienden a lo que me refiero ―dice el chico inicial (el de la patineta) con tono amenazante y jactancioso.
Liu ha empezado a enfadarse, y está bien parado, con los puños arriba, preparado para romperle la cara al cretino monumental que tiene en frente. Sin embargo, de pronto uno de los otros chicos le lanza (pasándoselo) un cuchillo a Randy.
— Yo esperaba que colaboraran con nosotros, pero veo que tendremos que hacer todo a las malas. —dijo Randy, usando la mano derecha para apuntarle con el cuchillo a Liu, y la izquierda para urgarle los bolsillos y quitarle la billetera.
Mientras ve la escena, Jeff siente una mezcla de ira y temor, pero de pronto la extraña sensación lo asalta de nuevo, esta vez con mucha más fuerza: siente que su cuerpo entero arde por completo, y entonces el miedo desaparece y avanza hacia los abusivos, ignorando las advertencias de su aterrado hermano.
— Mira, punkerito estúpido, o le devuelves la billetera a mi hermano, o yo te… —le dice Jeff a Randy, temblando de ira.
Randy lo mira con arrogancia, se mete la billetera al bolsillo y le dice, burlonamente y con el cuchillo en la mano:
— ¿O tú qué, bebesito? ¿Vas a llamar a tu mamita?
Jeff arde de ira, sería capaz de morir en el intento por darle su merecido, pero Randy insiste, y le dice mientras le pasa el cuchillo en frente de la cara, como amenazándolo:
— Ooooh, el niñito quiere que le devuelvan el dinero a su hermanita. ¿Qué harás si no lo hago? ¿Me morderás?
En un instante de agudeza y pérdida de control, y justo cuando Randy termina de proferir las palabras anteriores, Jeff hace un movimiento velocísimo, le agarra la muñeca, se la rompe (Randy grita como niña asustada), le quita el cuchillo, ve que Troy y Keith intentan escapar, lanza a Randy contra el piso (haciendo que se parta la nariz al chocar contra el pavimento), alcanza a Keith, lo apuñala en el brazo, Keith grita, se saca el cuchillo y lo deja caer, cayendo al piso y retorciéndose de dolor; entretanto, Roy sigue corriendo, pero Jeff lo alcanza, le da una patada en la espalda y lo derriba, le cae a puñetazos en el estómago, le escupe en la cara, y lo sigue golpeando, hasta que Roy vomita, y entonces Jeff le revuelca la cara en el vómito y por fin lo deja.
Liu, que ha estado mirando todo con enorme asombro, se acerca a Jeff y le pregunta: “Jeff, ¿cómo?”. No dice más, está demasiado sorprendido. Por su parte, Jeff se alza de hombros, respira hondo y, justo en ese momento, él y su hermano escuchan venir al autobús, por lo que corren a toda velocidad para evitar ser culpados y detenidos. Mientras se alejan corriendo, voltean a mirar y ven al conductor del autobús, que se ha bajado y corre hacia Randy y los otros dos heridos.
Posteriormente, Jeff y Liu llegan tarde a la escuela, se inventan una excusa, se disculpan, y se sientan a escuchar la clase. Parece que están absortos en lo que dice el maestro, pero Liu no deja de recordar lo sucedido, y aunque está asombrado por el poder de su hermano, no ve lo que pasó como algo anormal, pues cree que Jeff simplemente quería protegerlo y se salió de control. Por su lado, Jeff está más asombrado que su hermano; de hecho, está asustado de sí mismo, del poder que tiene, y de esa perturbadora necesidad de lastimar a otros. Es algo que nunca antes había experimentado: esa sensación, ese sentirse un dios al tener la sangre de otro en la mano. ¿Cómo podía producirle satisfacción? ¿Es que acaso guardaba odio, ira, o era simplemente malvado?
Cualquiera que fuese la respuesta, Jeff había logrado liberarse de la extraña e incómoda sensación que lo venía torturando desde que llegó al nuevo barrio; en todo ese día la sensación no reapareció, y sus padres no supieron nada de lo sucedido.
No obstante, a la mañana siguiente y antes de que saliera del cuarto a desayunar, Jeff escuchó el timbre de la puerta. “Malditos policías”, pensó, y bajó con desánimo y amargura, encontrándose a su madre y a dos oficiales.
— Jeff, estos policías dicen que atacaste a tres niños, que los apuñaleaste y no fue una pelea normal. ¿Es cierto eso? ¿Qué pasa contigo, hijo?
— Mamá, esos niños eran pandilleros, eran unos delincuentes que intentaron robarle a mi hermano —dijo Jeff, mirando al piso.
— Hijo, eso no justifica lo que hiciste. Un chico tenía la muñeca rota y la cara ensangrentada, el otro estaba lleno de moretones y había vomitado, y uno había sido apuñalado en el brazo. Muchos testigos los vieron escapando. Llama a tu hermano. Hay que ver qué se hace, porque lo que hicieron es grave. —dijo uno de los policías.
Rápidamente, Jeff pensó que podía decir que él y su hermano habían sido atacados primero, pero no había pruebas de eso y además los vieron escapar. Era difícil la situación, y además debía admitir que su hermano no hizo nada.
— Escuchen, mi hermano es inocente. Yo hice todo solo, incluso mi hermano intentó convencerme de que no hiciera nada, pero no le hice caso y me salí de control.
Cuando los oficiales le escucharon decir eso a Jeff, se miraron entre sí con asombro. Entretanto, Liu ya había bajado, estaba atrás de su madre y había escuchado a Jeff declarar su inocencia; y sí, era inocente, pero no quería que Jeff fuese a prisión. Toda la vida había sido un gran hermano, y ahora había arriesgado su vida por él y por la justicia; entonces: ¿por qué no pagarle salvándolo de la cárcel?, ¿podría ser tan malo ir a la cárcel? Liu decidió salvar a Jeff, y camino a la cocina, mientras seguía la conversación:
— ¿Fuiste tú? Bueno, hijo, es admirable la honestidad que tienes para admitirlo, pero la ley es la ley y tendrás que ir un año a la prisión. —dijo el policía que habló antes, y que era el que hablaba de los dos oficiales.
De pronto, Liu aparece atrás, y exclama mientras sujeta un cuchillo en la mano derecha:
— ¡Esperen! ¡Fui yo, yo soy el culpable, yo hice todo!
Los oficiales se asustan, piensan que el chico puede hacer algo y le apuntan con sus armas.
— ¡No haré nada, no disparen, por favor! Jeff es inocente, yo hice todo, él solo intenta protegerme y por eso se culpa. Yo fui el que perdió el control porque me golpearon. ¡Miren, miren mis marcas por favor! —Liu se levanta la camiseta y les muestra heridas y moretones, que Jeff se pregunta cuándo, cómo y por qué se hizo…
— Hijo, baja el cuchillo —dijo el oficial que hablaba, y Liu obedeció la orden, levantó las manos y se acercó a los policías.
— ¡No, Liu, fui yo, yo lo hice! Oficiales, mi hermano quiere encubrirme pero yo hice todo —dijo Jeff, con las lágrimas rodándole por las mejillas.
— ¿Tú? No, Jeff, tú sabes que fui yo. Por favor, déjame asumir mi responsabilidad, lo necesito para estar en paz —dijo Liu, con tono de súplica y convencimiento, y mientras se entregaba a los policías, para ya no complicar más las cosas.
— ¡Liu, diles que yo hice todo, has que lo sepan! —gritó Jeff desesperado, mientras su madre le ponía las manos en los hombros.
La patrulla se aleja con Liu adentro, y Jeff llora desconsoladamente, todavía más cuando su madre intenta consolarlo diciéndole que ella sabe que fue Liu… Minutos después, llega el padre de Jeff, y se detiene al ver en la entrada a su esposa y a su hijo: la una con cara de preocupación y pesar, el otro con los ojos rojos de tanto llorar y lágrimas secas en las mejillas.
“Hijo, ¿qué tienes?, ¿por qué llorabas?”, pregunta a Jeff su padre, pero él tiene las cuerdas vocales tensas por el llanto y no responde. La madre de Jeff, haciéndole a su esposo un gesto de que adentro le explicará todo, entra con él y cierra la puerta: Jeff se queda afuera, voluntariamente.
Media hora después, Jeff abre la puerta de su casa y ve que todavía su madre y su padre siguen en la mesa, ambos con caras de tristeza y decepción. Evita mirarlos a los ojos, sube las escaleras, va a su cuarto, se tira en la cama, recuerda a su hermano, y llora de nuevo, hasta quedarse dormido…
Cuando Jeff despierta, todavía tiene todo el problema en la mente. Quiere estar mejor y no puede: hay una sensación espantosa en su corazón, es como si lo estuvieran comprimiendo, y como si tuviera veneno y una estaca clavada. Así, la semana pasa sin que Jeff sepa nada de Liu, y sin que encuentre más compañía que el remordimiento, la amargura y la tristeza.
Llegado el sábado, Jeff despertó con unos toques en el hombro: era su madre, que sonreía como si Cristo hubiera regresado al mundo…
— ¡Jeff, anímate, hoy es el día!
Jeff no pudo evitar una leve sonrisa al ver el entusiasmo de su madre, pero después recobró su desánimo:
— ¿El día? ¿Qué día?
— El cumpleaños de Billy, ¿acaso lo olvidaste?
— Pero si mi hermano está en la cárcel, ¿cómo voy a querer ir, mamá? Estoy deprimido, necesito dormir y estar solo.
— Te entiendo; pero, si te quedas, solo lograrás ponerte peor. Necesitas despejarte un poco. Allí van a haber niños felices, dulces, emparedados de atún, torta. Anda, ve y vístete.
Jeff se levanta, camina como un zombi hacia el armario, elige algo sin pensarlo, y baja al baño para vestirse y arreglarse. Abajo está su padre, leyendo el periódico con una ropa costosa y formal. Su madre ha elegido un estilo semejante y lleva uno de sus mejores vestidos. “¿Qué cojones les pasa? ¿Ropa formal para ir al cumpleaños de un niño?”, piensa Jeff para sus adentros, y se dispone a entrar al baño cuando su madre le dice:
— Hijo, ¿acaso piensas ponerte ese adefesio? ¿Qué quieres que piensen de nosotros los vecinos? Anda, ve y ponte otra cosa.
Jeff pone cara de amargura, sube, y regresa con un terno, no para contentar a sus padres, sino como un gesto de ironía, que piensa excusar como descuido si le reclaman. “Mucho mejor”, le dice su padre al verlo, y Jeff sonríe mientras se sienta con sus padres y piensa para sus adentros: “¿Mucho mejor? Ya ni ironías distinguen”. Después su madre mira el reloj, dice que es tarde y que hay que salir, y entonces todos salen.
Cuando llegan y Bárbara los recibe, Jeff ve que solo hay adultos y viejos en aquella sala, pero Bárbara le dice que los niños están en el patio, y lo invita a conocerlos y a jugar con ellos: Jeff va, pero solo por educación.
Al salir, Jeff ve un montón de niños corriendo de un lado a otro, vestidos como vaqueros, y disparándose con pistolas de agua.
— Oye, ¿por qué no juegas con nosotros? Mi equipo está perdiendo la guerra, necesitamos más gente para ganar. Ten, usa esta pistola —le dice un niño amable a Jeff, ofreciéndole una pistola de agua completamente cargada.
— Mmmm, no sé, es que ya estoy grande y me da vergüenza hacer cosas de niño —dice Jeff, tratando de no hacer sentir mal al pequeño.
— Ya, di que sí, por favor. Hazlo y te doy este chocolate —le dice el niño, mostrándole un chocolate sin abrir, y que al parecer había tomado furtivamente de la mesa de los adultos.
— Está bien —dice Jeff, algo enternecido por la actitud del niño.
Al principio, cuando recién se colocó el sombrero, Jeff solo fingía disparar y hacía todo como un robot; pero después, viendo a los niños que corrían como locos, que hablaban de cosas como “asaltar la base del enemigo” o “capturar al jefe”, se contagió un poco del entusiasmo y le puso animo al juego, en parte porque le permitía distraer su mente de lo sucedido con Liu.
Por aproximadamente una hora, Jeff volvió a divertirse con la alegría de un niño, olvidando por momentos que toda la guerra de vaqueros estaba en su imaginación. Sin embargo, de pronto escuchó un ruido de ruedas sobre el pavimento, y se detuvo en seco. “No aquí, no se atreverán”, pensó Jeff, equivocándose porque sí, sí se atrevieron: saltaron la valla (que no era tan alta) en sus patinetas, y se pararon en el jardín, en medio de los niños, frente a él… Eran Randy, Troy y Keith, y habían vuelto para vengarse.
Algunos niños dejaron de jugar ante la irrupción de los extraños, pero otros continuaron el juego como si nada hubiese pasado. Randy miraba a Jeff fijamente, con odio:
— Hola, Jeff, tú y yo tenemos algo pendiente. Creo que yo y mis amigos te subestimamos ese día, pero ahora sí conocerás nuestro poder. —dijo Randy mirándolo con rencor, y con la nariz aún algo mal por lo sucedido ese día.
Jeff se quita el sombrero, deja caer el arma de juguete y le dice con rabia:
— Mi hermano está en la cárcel por culpa de ustedes. Ya estamos a mano, ya no jodan más. ¿Acaso no les importan todos estos niños? ¡Son unas mierdas!
Sin perder la autoconfianza, Randy lo mira y responde:
— La mierda eres tú, Jeff. ¿Crees que puedes ganarnos? Somos los reyes de este lugar. ¡Ahora sí te patearemos el culo!
Después de decir eso, Randy se lanza descontroladamente sobre Jeff. Ambos caen al suelo, y Randy le rompe la nariz de un puñete, pero Jeff lo toma de las orejas, le da cabezazos en la cara, y lo empuja fuertemente, alejándolo. Ambos se ponen de pie, prestos a seguir el combate, mientras los niños gritan y corren donde sus padres.
Troy y Keith, que hasta el momento no habían intervenido, sacan dos pistolas reales de sus bolsillos y gritan, amenazando para que nadie interrumpa la venganza. Entretanto, Randy saca un cuchillo y se lo clava a Jeff en el hombro. Jeff grita y cae de rodillas, cosa que Randy aprovecha para patearle la cara: una, dos, tres, y antes de la cuarta patada, Jeff le agarra el pie, se lo tuerce y lo hace caer. Con Randy en el suelo, Jeff aprovecha para entrar a la casa, e intenta correr hacia la puerta, pero Troy lo agarra del cuello, le dice “¿necesitas ayuda?”, y lo lanza al patio, alejándolo de la puerta.
Cuando Jeff intenta levantarse tras ser lanzado por Troy, Randy le da una patada en el estómago, y vuelve a hacerle lo mismo cada vez que intenta levantarse, hasta que comienza a toser sangre. “¡Vamos, Jeff, pelea conmigo!”, le dice Randy al verlo en ese estado, y después lo lanza a la cocina, ya desalojada por los adultos, que corrieron al saber que Troy y Keith tenían pistolas.
En la cocina, Randy toma una botella de vodka y la rompe en la cabeza de Jeff. “¡Pelea!”, exclama Randy con crueldad, lanzándolo hacia la sala de estar. Viendo a Jeff tirado y abatido, se le acerca y dice:
— Vamos, Jeff, ¡mírame, mírame, marica!
Jeff levanta la mirada, y lo observa con el rostro ensangrentado.
— ¡Yo hice que tu hermano fuera a prisión! ¡Anda, gusano, levántate! ¿Acaso dejarás que tu hermano se pudra en la cárcel? ¡Ven, castígame, haz justicia!
Por un momento se le nubla la vista, pero Jeff se sobrepone al abatimiento y exclama:
— ¡Deberías avergonzarte! ¡Rata ladrona y fumona, basura callejera!
La cara de Jeff enrojece de ira, la fuerza va regresando a él, empieza a levantarse, mientras Randy lo contempla y continúa provocándolo:
— ¡Por fin, al fin la nena quiere luchar! ¡Arriba, pelea como hombre!  —dice Randy y, humillándolo aún más, le escupe: una, dos, tres, cuatro, cinco veces…
Jeff, que acaba de recibir el quinto escupitajo de Randy, que tiene la cara ensangrentada, el hombro con una cortadura, el cuerpo lleno de golpes, está sintiendo que la ira ha llegado a poseerlo de una manera espectacular: no se trata de intensidad ni de cantidad, se trata de profundidad. Es algo que le perfora la mente, pasa por su corazón, y llega hasta su alma, llenándola de humo negro, oscureciéndola, haciéndolo sentir como algo mucho peor que una bestia: un demonio. Sí, en ese preciso instante la extraña sensación lo visita de nuevo, mucho más fuerte que cualquiera de las veces anteriores. No, ya no es solo ira: algo en él ha despertado, y ríe, se deleita ante la posibilidad de hacer todo el daño posible a Randy, ante la perspectiva de verlo retorcerse de agonía, vencido por su poder.
— ¡¿De qué te ríes?! ¡Anda, bastardo, dime de qué te ríes!  —dice Randy con desesperación, viendo que Jeff empieza a reír a carcajadas.
“Me río de tu futuro”, dice Jeff, y ágilmente, con una fuerza que Randy no sabe de dónde sacó, lo toma del pie, lo hace caer, se pone encima de él y le da con el puño un golpe de martillo, justo en el corazón. El golpe es contundente, poderoso, y el corazón de Randy se para momentáneamente. Randy intenta tomar aire, desesperadamente trata de respirar, y en ese instante Jeff ve un martillo que ninguno de los dos había advertido. El martillo está cerca, y Jeff se levanta corriendo, lo toma, ve que Randy sigue en el piso, y le da con todas sus fuerzas en el estómago, haciéndolo gritar y pedir piedad con la voz ahogada. Después le rompe las rodillas, los brazos, le machaca las manos; cuando ve que está perdiendo la conciencia, le destroza las costillas para que el dolor lo despierte, y finalmente empieza a golpearle la cabeza, lo suficientemente duro como para que pueda morir, pero no lo suficientemente duro para que muera con un solo golpe.
Cuando termina su obra sangrienta, Jeff mira alrededor y ve que algunos niños están llorando, mirándolo desde las ventanas junto a sus padres. Troy y Keith le apuntan con sus armas: ni ellos mismos entienden bien por qué dejaron morir a Randy, pero ahora creen que es hora de matar a Jeff, aunque están turbados y fallan los disparos, mientras Jeff sube las escaleras y se encierra en el baño, donde toma el estante de la toalla, arrancándolo de la pared.
A estas alturas, la Policía ya debería haber llegado, pero todavía no aparece ningún policía y todo sigue su atroz curso.
Troy y Keith han gastado todas sus balas, así que cogen cuchillos y suben al baño. Tumban a patadas la puerta y Troy entra primero, intentando apuñalar a Jeff, que lo esquiva y lo golpea en la cara con el estante, empleando todas sus fuerzas, neutralizándolo. Keith es más ágil, y esquiva los golpes de Jeff, pero comete el torpe error de dejar caer el cuchillo, para agarrar a Jeff por el cuello y empujarlo contra la pared, haciendo que un recipiente con lejía, ubicado en un estante, se caiga y vierta su contenido, quemándolos a ambos combatientes.
Ambos gritaron, y cuando Jeff se secó los ojos, tomó de nuevo el estante de la toalla y golpeó a Keith en la cabeza. Keith ahora parecía derrotado, y yacía ahí, tirado y sangrante, pero sin embargo empezó a reírse macabramente.
— ¿Cuál es el chiste? ¡De qué te ríes! —preguntó Jeff, desesperado e irritado.
— ¿Qué no ves? Ambos tenemos lejía, pero tú encima estás bañado en alcohol. ¡Hhaahahahahahaahhaah, hahahahaahhaah! —río Keith, y sacó un pequeño encendedor, topando con la llama a Jeff.
Jeff empezó a gritar. El alcohol había hecho que el fuego lo cubriese por completo, y mientras tanto la lejía lo blanqueaba. Salió en llamas, rodó por las escaleras, la gente gritó al verlo envuelto en fuego, y caer en el piso, agonizante.
Pese a todo, algunos acudieron a socorrerlo con agua por pedido de su madre, que estaba allí y fue lo último que vio antes de perder el conocimiento.
Cuando Jeff recobró la conciencia, muchas cosas habían pasado: tenía yeso en toda la cara, no podía ver, tenía otro yeso en un hombro, puntos por todo el cuerpo. Estaba en cama, pero no sabía que tenía un tubo en un brazo, hasta que intentó levantarse, cayó, y una enfermera acudió a ayudarlo. “No creo que pueda levantarse aún, necesita reposar”, le dijo la enfermera a Jeff, que obedeció y permaneció varias horas acostado y despierto hasta que llegó su madre:
— Cariño, ¿te sientes mejor? —le preguntó su madre, pero siguió hablando al ver que su hijo no podía decir nada— Te tengo una buena noticia: Liu va a ser liberado. Los testigos de lo que pasó en la fiesta hablaron con la Policía. Ahora sí creen que tu hermano es inocente. ¡Lo verás mañana! ¿no te alegra?
Jeff no podía hablar, pero movió el dedo índice de su mano derecha en señal de asentimiento, después su madre lo abrazó, se despidió y se fue.
Durante las siguientes dos semanas, Jeff fue visitado por muchos miembros de su familia. Todos se mostraban compadecidos a pesar de la atrocidad que había hecho, seguramente porque las infamias de los tres pandilleros en la fiesta fueron lo que más impacto tuvo: eran ellos los monstruos, Jeff solo era un chico con problemas que estalló en un momento de extrema tensión; al menos, eso era lo que la mayoría pensaba.
Cuando por fin llegó el día en que le habrían de quitar las vendas a Jeff, todos los miembros cercanos de su familia estaban allí, acompañándolo, queriendo ser lo primero que viese, queriéndole decir que, a pesar de todo, ellos seguían a su lado. “Ojalá suceda  lo mejor”, dijo el médico antes de quitar las vendas que cubrían el rostro de Jeff.
La madre de Jeff gritó asustada al verle el rostro, y su padre y Liu lo miraban con miedo. Ahora ya había recobrado la visión, aunque no tenía un espejo para comprender el porqué de tanto temor:
— ¿Qué pasa? ¿Qué tengo? ¿Por qué me ven así? —dijo Jeff preocupado
Nadie le respondía, estaban tan impresionados que no eran capaces de proferir palabra alguna. Desesperado ante el silencio de su familia, Jeff se levantó bruscamente de la cama, corrió por el pasillo hasta llegar al baño, y cerró la puerta con cerrojo.
Encerrado en el baño, Jeff se miró al espejo y vio con horror el monstruo en que se había transformado: sus labios, derretidos por el fuego, eran una profunda y grotesca sombra roja; su piel estaba blanca, tan blanca como tiza, o como lápida de cementerio; su pelo estaba negro, sucio y chamuscado. Se tocó la cara, su piel parecía cuero de vaca. Quería llorar pero no podía: tenía las lágrimas congeladas en el pecho, o convertidas en piedra, para ser más preciso. “¿Éste soy yo?, ¿este monstruo soy yo?, ¿acaso siempre he sido esto?”, se dijo Jeff, mirando su reflejo con mezcla de asco y terror.
Tras terminar de contemplarse, Jeff abrió la puerta del baño y vio que su familia estaba ahí afuera: los vio sin decir nada y se volvió a mirar en el espejo. “Jeff, no te ves tan mal, puede arreglarse”, le dijo Liu, intentando consolarlo. Jeff se volteó, y sonriendo dijo: “¿No me veo tan mal?, ¿no me veo tan mal?… ¡es perfecto!”.
Todos miraban a Jeff con asombro y pena, pensando que su nuevo aspecto lo había trastornado todavía más. Al verlos así, Jeff comenzó a reírse, cada vez más, hasta que estalló en sonoras carcajadas, pero sus manos temblaban y sus padres lo notaron.
— Jeff, ¿estás bien? —le dijo su padre, compadecido.
— ¿Qué si estoy bien? ¡Nunca he sido tan feliz! ¡Hahahahahhahhahahahahahaha! Este rostro sí me queda. No sé de qué se asombran, siempre he tenido esta cara. —dijo Jeff, con un tono que mostraba locura.
Jeff siguió riendo, su padre miró a Liu y a su esposa, les hizo una señal de que debían dejarlo solo, y entonces los tres se retiraron, sin decir palabra alguna. Las carcajadas de Jeff se oían por todo el piso del hospital, retumbaban a espaldas de sus padres y de Liu. Durante la pelea con Randy, algo cambió para siempre en la mente de Jeff. Fueron momentos de gran tensión, en que su psique sufrió un impacto irreparable y su cerebro perdió el equilibrio químico. Y encima de eso, ahora su rostro estaba como el de un monstruo, y eso disparó un proceso psicológico que llevó a Jeff a identificarse con su lado oscuro. Ya era un psicópata de verdad, pero su familia aún no lo sabía.
“Doctor, ¿cree que mi hijo esté mentalmente trastornado? Mírelo cómo se ríe, yo creo que necesita ser tratado por psicólogos y psiquiatras. ¿Qué piensa?”, preguntó la madre de Jeff al médico que lo trató. El médico bajó la cabeza, se acarició el mentón mientras reflexionaba unos momentos, y después alzó la vista y respondió: “Le recomiendo que no se preocupe tanto. Mire, señora, ese comportamiento de su hijo es bastante común en pacientes que han sido sometidos a grandes cantidades de calmantes para el dolor. A Jeff tuvimos que aplicarle abundantes cantidades, pero no se preocupe, que los efectos desaparecen en un par de semanas. He visto casos peores que el de su hijo y siempre ese efecto de los calmantes desaparece con el tiempo. Cuando el paciente sigue trastornado es por otra cosa y no por los calmantes, pero eso casi nunca pasa. En todo caso, puede traer aquí a Jeff si sigue mal después de unas semanas. Ahí sí tendremos que hacerle exámenes psicológicos, pero dudo que sea necesario”. La mujer se tranquilizó con las palabras del médico, le agradeció y fue a buscar a Jeff.
“Jeff, hijo, ya tenemos que irnos a casa. Todo va a estar bien, te dejaremos descansar y te ayudaremos a recuperarte. Ven, vamos”, le dice a Jeff su madre. Jeff solo la mira y, antes de ir a ver su ropa (estaba con traje de paciente de hospital), se limita a decir: “Ay, mamá, ¡hahahahahahhahahhahaha!”
Una vez que Jeff se puso unos pantalones negros y una sudadera blanca, fue a casa y allí subió hasta su habitación. Su madre se despidió cariñosamente y lo dejó solo, sin saber lo que ocurriría después…
En efecto, esa misma noche, a eso de las doce, la madre de Jeff despertó al escuchar algo en el cuarto de baño. Sonaba como cuando alguien llora mucho y hace sonidos de lamento, y la mujer se preocupó al creer que Jeff estaba en una de sus crisis. Entonces salió de la cama sin levantar a su esposo, y caminó sigilosamente para no despertar a nadie y evitar ser advertida por quien estaba en el baño; incluso, se desplazó pegada a la pared (para que el ocupante no la viera en el espejo o directamente), ya que vio que la puerta estaba abierta, pues la luz amarillenta del baño caía sobre el suelo.
Estando junto al marco de la puerta del baño, la madre de Jeff se asomó discretamente y vio algo horrendo: era Jeff, que había tomado un cuchillo y se había cortado las mejillas, dibujándose una sonrisa como  la del Guasón.
“¡Jeff, ¿qué haces?! ¡Deja de cortarte! ¡Por favor!”, exclamó la madre de Jeff, aterrada y queriendo llorar. Entonces Jeff deja caer el cuchillo en la lavacara ensangrentada, mira a su madre y dice: “Ya no podía sonreír, mamá. El dolor no me dejaba sonreír. Esto fue muy difícil, pero ahora estaré sonriendo siempre, eternamente”. Mientras escuchaba la delirante respuesta de Jeff, su madre notaba que sus ojos estaban rodeados de negro, que no tenían párpados: era grotesco.
“¡Jeff, tus ojos! ¡Mira tus ojos! ¡¿Qué has hecho?!”, exclamó la mujer, sumida en una aguda desesperación. Nuevamente, Jeff responde en forma demencial: “No podía ver mi rostro, no lo soportaba. Mis ojos siempre se cerraban cuando me veía, pero me harté y me quemé los párpados. Oooooh, ¡ahora siempre veré mi nuevo rostro, ahora jamás volverá a estar todo negro! ¡Negro, mamá, negro!”. La mujer lo mira mientras se le humedecen los ojos, y empieza a retroceder, atemorizada.
“¿Qué pasa, mamá?, ¿no soy bello?”, dice Jeff a su madre, viéndola alejarse. “Claro que lo eres, hijo, solo voy a buscar a tu padre para que vea tu nuevo aspecto”, dice ella y después corre y cierra la puerta de su habitación, temiendo que Jeff pueda incluso matarla.
— ¡Mi amor, despierta, tu hijo se ha vuelto loco! —dice la madre de Jeff a su esposo, zarandeándolo para que despierte.
— ¿Qué tienes?, ¿por qué no me dejas dormir?
— ¡Jeff tiene un cuchillo y está loco!, ¡tienes que sacar el arma ya, aunque sea para evitar que nos mate!
— Ni creas que mataré a mi hijo, eres tú la que está loca. A ver, voy a sacar esa pistola para dispararle en la pierna si se pone demasiado violento. Pero cálmate, ¿no ves que lo pondrás peor si te pones así?
Jeff está fuera, escuchando todo al otro lado de la puerta. Está fuera de sí, ha tenido puras pesadillas sangrientas y siente la necesidad de destruir:
— Papáaaa, papáaaa, mami me dijo que era bello y ahora tiene miedo. ¿Tú también tienes miedo? ¿No soy bello? ¿Por qué quieren matarme?
— Nadie te matará, hijo, por favor suelta ese cuchillo. Nosotros te ayudaremos, tienes que calmarte.
— Pero mami me mintió, papá: ¿no ves que tiene miedo? Ella cree que soy un monstruo, ella me ve como un monstruo. ¿Tú también, verdad?
— Nosotros te amamos, hijo, nunca te veríamos como un monstruo.
— La pistola, carga la pistola —susurra la madre de Jeff, nerviosa.
— ¿Pistooola? ¿Quién dijo “pistola”? ¡Mienten, quieren matarme! ¡Asesinos, asesinos! ¿Creen que soy feo, verdad? ¡Hahahahahaha, hahhaahha! ¡Jeff está muerto, Jeff está muerto! ¿Qué hicieron con él? ¡¿Qué hicieron con él?!
— ¡Por favor!  —grita el padre de Jeff, nervioso y tratando de controlar el enojo que le causa la actitud de su hijo.
— ¿Por favor? ¡Hahahahah, hahahahah, hahahahah! ¡Por favor nada! ¡Mami me mintió!
Jeff empieza a patear la puerta mientras ríe, y su padre está desesperado porque no encuentra las balas de la pistola: al parecer, en algún momento de esa noche, Jeff había entrado sigilosamente al cuarto, había sacado las balas pues sabía que estaban en el cajón del velador, y se había deshecho de ellas. Ahora ya terminó de tumbar la puerta, sus padres gritan, su padre le arroja una lámpara pero Jeff lo esquiva, le lanza el cuchillo en la barriga, lo patea, golpea a su madre y la tumba, y entonces comienza un grotesco espectáculo que es mejor no describir, pero que termina cuando Jeff eviscera a sus padres y esparce las vísceras por la habitación.
Debido a todo el ruido y a los gritos, Liu se había despertado, pero tenía tanto sueño que se volvió a dormir sin preocuparse de lo que ocurría. Ahora despertó nuevamente porque sentía que alguien lo observaba. Lleno de somnolencia, abre los ojos y mira hacia arriba: era Jeff, con su nuevo y monstruoso rostro.
Por un momento, Liu pensó que todo era una pesadilla, hasta que sintió la mano de Jeff en su boca, y lo vio alzar el cuchillo con la otra mano. Entonces luchó desesperadamente, pero Jeff lo dominó sin usar el cuchillo, y estando encima de él le tapó de nuevo la boca, levantó el cuchillo y dijo: “Shhhhhhh, shhhhhh, ve a dormir”. Esas fueron las últimas palabras que Liu y muchos otros escucharon de Jeff, antes de que todo se tornara negro y fueran a dormir, a dormir para siempre…
Este personaje está inspirado en el villano The Joker, uno de los principales antagonistas en la historia de Batman. Así como en el asesino Jeffrey Dahmer, del cual dejo su foto a continuación.



lunes, 28 de diciembre de 2015

The Holders (La saga de los Portadores) 16-25


The Holder of the Future (El Portador del Futuro)

En cualquier ciudad, en cualquier país, ve a cualquier institución mental o centro de rehabilitación al que tengas acceso. Cuando llegues a la recepción pide visitar aquel que se hace llamar “The Holder of the Future”. No lo sigas si el empleado te ofrece mostrarte el camino; él no es el verdadero guía. El verdadero guía vendrá silente y te dará un pedazo de papel en el que el camino delante está dibujado en líneas de sangre y fuego. Camina delante, concentrándote en la escritura. Si tu concentración no ondea, pasarás por un escritorio y un hombre para encontrarte con largo y desocupado pasillo. Puede que parezca opulento, lleno de color y promesas, pero las paredes están ahora manchadas y la alfombra negra y sucia.

Como avances por el pasillo imágenes golpearán en ventanas antes no vistas. Puede parecer que viste eso, en la esquina de tu ojo, que veas amigos muertos hace mucho llamarte, o amores perdidos volviéndose jóvenes y una vez más ofreciéndose a ti. Voces que parecen susurrar que las ventanas traen segundas oportunidades, oportunidades de hacer las cosas bien. Puedes escoger de nuevo, dicen ellos, pero no debes mirar más allá del papel en tus manos. Hacerlo es vislumbrar en su totalidad lo que te observa desde afuera, y hacerlo es ir más allá de la salvación.

Sigue a través de la larga, imposible longitud del pasillo. Algunos dicen que debes continuar caminando hasta que hayas visto cada uno de tus posibles futuros por las ventanas. Otras sugieren que mientras más cerca esté el momento de la unidad, más rápido se llegará al final del pasillo. Si el último está en lo correcto, todos cuanto entren podrían encontrar su camino mucha antes de hacer cuentas.

Sólo podrás despegar tu mirada del papel al final de ese corredor, e incluso entonces nunca debes mirar atrás. La puerta frente a ti lleva a un salón de baile que, al igual que el pasillo, ha caído de su elegante brillo a la inmundicia y el olvido. Ábrete paso entre la penumbra hasta que la puerta y toda oportunidad de escapar esté perdida tras de ti.

Camina con cuidado. El Holder te observa incluso ahora.

El paso delante una vez pasado directamente por el centro, pero el centro no ha sido mantenido en muchos años, y el camino esta… inundado. Quizás nunca encuentres el camino si está demasiado inundado, y gastaras el resto de tu innatural vida deseando estar en las tentaciones de las ventanas. Si eres afortunado, encontraras un punto solitario donde una pequeña luz restante yace lejos, entonces debes cerrar tus ojos y esperar, indiferente de lo que pueda pasar después. Si has complacido al Holder, oirás el ronroneo de un gato, y sentirás un calor pegado girando alrededor a tu pie.

Debes mantener tus ojos cerrador hasta que una voz te pregunta “Que harás con ellos?” tres veces. Responder la primera o segunda vez volverá los ronroneos en gruñidos y los toques serán como el toque de miles de garras afiladas punzando tu garganta. Solo después de la tercera y final podrás abrir tus ojos.

En frente de ti estará una mujer en una cama. Como los cuartos de atrás ella se verá como si hubiera estado hace mucho tiempo estupendamente bella, y aunque ella este desnuda en la cama ella es nauseabundamente gorda, su piel con marcas de viruela con llagas y carne muerta y flores sifilíticas. Cientos de gatos pegados junto a ella; Eventualmente uno de ellos vendrá expectante a tus pies. Háblale solo a este, diciéndole “Hare lo que deba”.

El te enseñara el lenguaje de los gatos, y una vez hayas aprendido los demás te dirán un secreto que nunca fue hecho para oídos humanos. Nunca debes revelarlo hasta que no tengas nada más al mundo para dar: los gatos son criaturas celosas y disfrutan el dolor de aquellos que traicionaron su confianza.

Sus secretos son el Objeto 16 de 538. No hablare más de eso.

The Holder of the Present (El Portador del Presente)

En cualquier ciudad, en cualquier país, ve a cualquier institución mental o centro de rehabilitación al que tengas acceso. Cuando llegues a la recepción pide visitar aquel que se hace llamar “The Holder of the Present”. El trabajador te mirara vagamente; tendrás que preguntar de nuevo. Una vez el trabajador comprenda tu pedido te llevara por una puerta a un pasillo que parece una extensión del infierno mismo.

En este pasillo no encontraras nada más que la oscuridad y el sentimiento de inimaginable horror. Si llegas a oír un chillido venir de tu derecha, corre hacia la puerta por la que viniste o serás devorado por demonios gritando hablas incomprensibles de bocas llenas con venenos mortales.

Si no oyes un chillido, solo sigue al trabajador hasta que abra la puerta en el otro final del pasillo. Ahora te dirá que entre, y se ira.

En este cuarto solo encontraras dos cosas: una niña desnuda cuya mano izquierda es un muñón planchado, aparentemente rasgado por una mordida de otro mundo, y la cerradura que ella cuida. Debes mirar a la llave con cadena y no quitar tus ojos de ella. No puedes decir nada, excepto hacerle una pregunta: “Porque ellos están unidos?”

Ahora mueve tu mirada hacia la cara de la niña. Ella te mirara y te dirá la más repugnante historia del presente, de cómo ha llegado a ser, como es ahora y como será eventualmente. Esta niña lentamente se moverá hacia ti, no te muevas, y quédate quieto hasta que este a un paso de ti. Pondrá la pieza hecha tiras en pudrición que una vez fue su mano en tu hombro. Te susurrara en el oído, “La hora ha llegado, y ahora debes morir” No reacciones a esta declaración. Solo sigue mirándola a los ojos y eventualmente sentirás algo siendo empujado hacia tu mano.

La cerradura es el Objeto 17 de 538. Solo las llaves que fueron hechas para ella pueden ser puestas en ella, las demás serán repelidas.

The Holder of Passion (El Portador de la Pasión)

En cualquier ciudad, en cualquier país, ve a cualquier institución mental o centro de rehabilitación al que tengas acceso. Cuando llegues a la recepción pide visitar aquel que se hace llamar “The Holder of Passion”. El trabajador se sonrojara y soñara despierto¸ tendrás que preguntar dos veces más hasta que finalmente se incline y haga gestos para que lo sigas.

Te llevara a un pasillo. Oirás un motor de diesel amortiguado, pero por el momento, eso no importa. Ignóralo por ahora. Envez de eso, escucha cualquier susurro en tu oído. Si se detienen, es vital para tu salud que tapes tus oídos, porque una horrible criatura emergerá del suelo y después de un corto tiempo se irá por el techo.

Si oyes los susurros en lenguajes desconocidos hasta que tú y el guardia lleguen a una puerta hecha de madera, estas a salvo. Ahora, escucha el motor. Si sigue andando, procede y abre la puerta. Ni intentes imaginar que pasa cuando el motor se detiene; nadie ha podido decir que pasa después de detenerse.

Ahora, si la puerta ha sido abierta, el trabajador te dejara solo. Entra por la puerta y camina derecho adelante hasta que se cierre. Ahora, debes decir las palabras “Discúlpame, me gustaría aprender de ti” Si hiciste algo mal, estarás muerto antes de que lo hagas, no te preocupes mucho de esto. Si nada pasa por un par de docenas de segundos, puedes seguir caminando. Haz esto hasta que llegues a un corazón del porte de tu cabeza. No lo toques, en vez de eso, gírate. Veras o la más hermosa mujer o la criatura más horrible que tus ojos hayan visto. Lo último aparecerá si has tocado el corazón. Su sola mirada te podría llevar a la locura y estará en tu por el resto de tu vida.

Si ves a la mujer, mírala a los ojos, ningún otro lugar, incluso si no usa nada de ropa. La belleza literalmente te cegara t estarás forzado a vagar por su reino hasta el fin de tu vida. Si puedes seguir mirándola a los ojos, podrás hacer una pregunta: “Están vivos?” La mujer de pronto gemirá sonoramente y se tirar al suelo, satisfaciéndose a sí misma. Debes cerrar tus ojos y tapar tus oídos, sus gemidos lentamente destruirán tu mente y cuerpo, si los oyes claramente.

Después de un tiempo, sentirás que alguien toca tu hombro derecho. Ahora puedes abrir tus ojos y bajar tus manos. No te gires a ver quién te toco. En vez de eso, mira donde estaba la mujer. Ahora no estarán, solo estarán sus cenizas. Busca entre las cenizas su útero. Tómalo y cierra tus ojos. Ábrelos de nuevo después de sentir que algo helado toca tu cabeza. Estarás devuelta en la institución mental, detrás del guardia que te guio hasta la puerta de piedra.

El útero es el objeto 18 de 538. Tiene un hijo que dar a luz.

The Holder of Inocence (El Portador de la Inocencia)

En cualquier ciudad, en cualquier país, ve a cualquier institución mental o centro de rehabilitación al que tengas acceso. Cuando llegues a la recepción pide sin vacilar por visitar aquel que se hace llamar “The Holder of Inocence”. El empleado no dirá nada, pero una lagrima caerá de su ojo.

Ella te guiara por un pasillo olvidado en un ala olvidada del subterráneo de la institución. Ella no entrara al pasillo contigo, pero solo te mirara a los ojos con una cauta esperanzas, su propia expresión parecerá orar por salvación. Si entras al pasillo no veras mucho, salvo por suciedad, fragmentos rotos de lo que una vez fueron hermosas estatuas talladas. Después de un rato, oirás un suave gimoteo del otro lado. Pon atención, por si el gimoteo se detiene, entonces todo estará perdido. No tiene caso correr.

Solo si le preguntas “¿Qué pasó cuando se creó por primera vez?” ella se callara para subir su mirada hacia tu cara. Su belleza te dejara sin aliento, y si aun eres capaz de algún pensamiento solo será darte cuenta de que en ella puedes ver todo lo que amas de este mundo. De pronto, te darás cuenta de que la niña estará sangrando de sus regiones inferiores y un grotesco galo emerge del pequeño orificio entre sus piernas. El objeto saldrá con propia vida, y te darás cuenta de que esta hipnotizándote. No le quites la mirada, no desearas probar su paciencia.

Pronto, el cuarto desaparecerá frente a tus ojos, y estas parado en la más serena imagen de un claro que hayas visto, y toda la fauna de la naturaleza que reconoces irán por sus vidas hacia ti, sin miedo de nada, ni de la muerte. De pronto, una sombre caerá en el prado, y veras a todo el bosque alrededor arder en un pilar de flamas. Lo que pasa después, ningún hombre ha resistido mucho tiempo antes de volverse loco, pero en la fuerza de la mente humana resistirás. Al final oirás gritos y gruñidos pero lo que te sobrevendrá más que nada son los chillidos calmados, los lamentos ahogados, de todos los gestos de tristeza del mundo que hay. Te darás cuenta de que esos lamentos continuaran hasta ser oídos en el fin del mundo. Nada puede soportar esas casi silentes suplicas y mantener la más pequeña esperanza para el futuro.

La ilusión se esfumara, y te encontraras de vuelta en el cuarto. Encontraras a la niña tirada muerta en el suelo, su rostroen una mescla de agonía y horror, su ya podrido cuerpo alimentando ahora al sobresaliente falo y dándole un tono siniestro.

Ese es el objeto 19 de 538. Si lo tocas será tuyo, pero si lo dejas controlarte entonces usara tu cuerpo para buscar y unir todas las piezas, no importa lo que cueste.

The Holder of Deception (El Portador del Engaño)

En cualquier ciudad, en cualquier país, ve a cualquier institución mental o centro de rehabilitación al que tengas acceso. Cuando llegues a la recepción pide visitar aquel que se hace llamar “The Holder of Deception”. El empleado te mirará con una expresión de shock en su cara. Entonces, con una velocidad sobrehumana te atacara con su bastón. Si no estás noqueado por el primer golpe, huye de la ciudad, ellos sabrán que harás después.

Cuando tu conciencia regrese, estarás en un patio en una noche estrellada. Habrá una gran escalera de piedra que parece subir al mismo cielo. Sube la escalera, pero nunca mires atrás. Si lo haces, las escaleras comenzaran a romperse y caerás en el vacio por toda la eternidad.

Después de lo que parezcan días de subir, llegaras a un grandioso anfiteatro de mármol pintoresco con el estilo de la antigua Grecia. Baja al fondo del anfiteatro. Un viejo con ropas claras te estará esperando en una tarima en el centro. Este historiado viejo estará disertando como si hubiera una gran muchedumbre – como sea, no debes oírlo, nada de lo que habla es cierto. Si eres cautivado por su habla carismática, tu mente será completamente subyugada por su engaño y serás su esclavo por la eternidad. Solo reaccionara a una pregunta: “Que es la única verdad de la que pueden hablar?”

El Hombre bajara su mirada hacia ti y te mirara con gran tristeza. El te impartirá una historia que sacudirá las bases de tu alma con enorme pena, pero te dejara saber una gran verdad: el número por sí mismo no es lo que parece. El entonces te señalara una salida del anfiteatro, y continuara con su lectura. Gírate de el rápidamente, y ahora podrás ver a una legión de demonios sentados en los asientos del anfiteatro. No iras mas allá de un pequeño momento a uno, o te sacaran y te añadirán a su colección de almas. Camina a la salida lo más rápido posible. Ahí habrá un gran grimoire al lado de la puerta. Toma el grimoire y sal por la puerta. Te encontraras de vuelta en la calle detrás del asilo.

El grimoire que tomaste, cuyas páginas están cerradas y bloqueadas con un gran candado de acero, es el objeto 20 de 538. Si deseas ver el pasado del engaño y reunirlos, debes encontrar la llave.

El Portador de la Ira

En cualquier ciudad, en cualquier país, ve a una institución mental o centro de rehabilitación a la que tengas acceso. Cuando llegues a la recepción pide visitar aquel que se hace llamar “El Portador de la Ira”. El empleado parecerá tímido mientras te muestra una puerta, entonces se irá. Cuando entres por la puerta, mirarás una escalera que desciende a la oscuridad. Mientras bajes la escalera, comenzarás a oír gritos. Los gritos vendrán de una garganta desconocida.

Si se detienen en algún momento, grita a la oscuridad “¡Vuelve a tus asuntos!, ¡no deseo entrometerme!” Si el grito no regresa, ya no hay nada que puedas hacer, estarás muerto antes de que sepas que pasó. Si continúa, puedes avanzar.

Eventualmente, verás una luz viniendo desde las rendijas de una puerta. Atraviesa esta puerta y estarás en lo que parece ser una mazmorra medieval. Cráneos vacíos llenos de velas servirán como linternas, y esqueletos alineados en las paredes. Ahí habrá una mesa de madera frente a las llamas provenientes de una chimenea. En esta mesa estará la cabeza cortada de una niña de 4 años, mirando hacia delante con los ojos vidriosos.

Acércate a la mesa y mira a la cabeza directo a los ojos. Con voz clara y dominante pregunta “¿Quien evitará que vuelvan a unirse?” La cabeza te mirará a los ojos y te contará la historia de un hombre. Te dirá toda su historia, desde su violento nacimiento hasta lo que estará haciendo en ese preciso momento. Sus obras serán relatadas en horripilante detalle. Él es un asesino de los que nunca se han visto antes, y está simplemente demente.

Si al final de la historia, la cabeza te dice “Él está escuchando nuestra conversación”, serás arrastrado fuera del cuarto y nunca se escuchará de ti de nuevo. Experimentarás las cosas más horribles jamás concebidas, y seguirás vivo hasta que las hayas experimentado todas.

Si ella dice “Él está en otra parte”, ese mismo asesino ahora te busca. No se detendrá hasta que estés muerto o los objetos se hayan reunido. La cabeza dirá que la levantes. Levántala por el cabello y mira el lugar en donde estaba. Ahí habrá una aguja, cubierta en sangre seca, semen, pus, e incontables sustancias in identificables.

Esa aguja es el Objeto 21 de 538. La caza ha comenzado y el reloj está corriendo.

El Portador del Caos

En cualquier ciudad, en cualquier país, ve a cualquier hospital, y pregunta por aquel que se hace llamar “El Portador del caos”. El empleado comenzará a sacudir la cabeza y a golpear el escritorio con los puños. Pregúntale tres veces más y se levantará tranquilamente, te llevará a un cuarto con una sola puerta, por la que deberás entrar. Debes cerrar tus ojos, si no lo haces serás por siempre cegado y la única cosa que verás será una constante vista del caos absoluto.

Si has cerrado los ojos a tiempo, después de una hora de permanecer en total confusión, oirás una voz suave llamar, “¿Los tienes?” No respondas. En vez de eso, golpea con tus pies el suelo y abre tus ojos. Si ves un campo largo y estrecho frente a ti, entonces has pasado la primera mitad de tu labor. Si ves una ardiente llanura de muerte y mutilación, es demasiado tarde para ti. Serás devorado por los propios pensamientos de tus más grandes miedos.

Camina hacia el sol poniente en el campo de hierba durante una hora hasta llegar a un árbol sin hojas en sus ramas. Mientras te acerques verás que ese árbol estará hecho de huesos y rodeado por una piscina de sangre. Sumérgete completamente en esa sangre, y cuando estés en la superficie una vez más, sentirás una mano de hueso presionar algo dentro de tu palma, es un pequeño vial. Toma del vial y te encontrarás parado en la antecámara del hospital.

Este vial es el Objeto 22 de 538. La hora es noche y los demonios están llamando.



El Portador del Odio

En cualquier ciudad, en cualquier país, ve a cualquier hospital y pide visitar a “El Portador del Odio”. El empleado te dará un firme apretón de manos, mirará a tus ojos y dirá “Te tomó mucho tiempo”. Te entregará una llave para el cuarto 532 y aconsejará que bajes por el pasillo izquierdo.

En tu camino oirás un demente cacareo. Si se detiene, grita “¡No te temo!” Si no regresa, corre lo más rápido que tus piernas te permitan. Si continúa, sigue andando. Detente cuando llegues al cuarto 532. La puerta estará cubierta de arañazos, rasgaduras y todo tipo de quemaduras.

Ahí habrá un pequeño, extrañamente sin cicatrices panel de vidrio en la puerta. Mira con atención hacia adentro. Si hay una figura parada de espaldas a ti, retrocede lo más calmado posible. Si el cuarto esta vacío, abre la puerta y entra. Una luz roja brillará en la única ventana del cuarto. Si miras por esta ventana tus ojos arderán en sus cuencas y tus gritos serán tu única articulación por toda la eternidad. El cuarto será pequeño, las paredes estarán cubiertas en sangre, y habrá una pequeña figura encapuchada sentada en el medio. Sólo responderá a una pregunta “¿Por qué odian?” La figura con la capa volará en el aire revelando su grotescamente desfigurado ser. Responderá a la pregunta con horripilante detalle. Cuando acabe la historia colapsará, como si una tremenda carga hubiese sido retirada de sus hombros, y se arrastrará hacia la esquina. Comenzarás a oír un extraño, extraterrenal grito desde bajo de la puerta. Se oirán cada vez más cerca. Tu única esperanza es envolverte en la capa y tirarte por la ventana roja. Si no fuiste seguido despertarás en el césped del hospital al día siguiente, envuelto cómodamente en la capa.

La capa es el Objeto 23 de 538. Te esconderá de su odio.



El Portador del Color

En cualquier ciudad, en cualquier país, ve a cualquier institución mental o centro de rehabilitación a que tengas acceso. Cuando llegues a la recepción, pide visitar aquel que se hace llamar “El Portador del Color”. El guardia te mirará y mostrará una tímida sonrisa antes de darte la mano. Debes esperar exactamente ocho segundos antes de tomarla, o los colores mismos te negarán, y no podrás entrar.

El guardia se parará y te llevará a una celda, abriendo la puerta y haciéndote un gesto para que entres. Dentro de la celda encontrarás dos niños pequeños, ambos vestidos en sombras de gris y su piel parecerá como si todo color hubiese sido drenado de ella. Uno tiene el pelo largo y lleva un vestido blanco, mientras que el otro usa un traje negro y tiene el pelo corto. Sólo mira a los ojos al que está vestido de blanco, estos son normales, ya que los de quien viste de negro te llevarán a la locura. Cada uno llevará un guante y ambos te ofrecerán su mano. Toma sólo la mano con guante de cada uno, si tocas la piel del niño de negro tu carne será plagada con la peor agonía del universo, pero no morirás y él no te dejará huir; y si tocas al niño de blanco sentirás más placer del que jamás has experimentado, pero entonces, él retirará su mano y jamás volverás a sentir ese placer de nuevo sin importar cuanto lo intentes; Tu lujuria te matará.

Los niños se mirarán uno a otro y se inclinarán una vez, si sacuden sus cabezas cierra tus ojos y rápidamente di “Yo no soy lo que buscas, pero puedo cambiar las mareas”. Una vez digas esto ambos soltarán una risita y tirarán de tus manos, abriendo una trampilla en el piso de su celda y descenderán a la obscuridad. Los niños hablarán al unísono, presumiendo sin fin sobre su riqueza, todo lo que tienen. Te preguntarán muchas veces si tienes celos, cada vez debes responder simplemente “Sí”. Tu destino ahora está en las manos de esos niños.

Las escaleras por las que desciendes son largas y se harán cada vez más estrechas, hasta que finalmente un niño está delante y uno detrás. Si el niño de negro está delante considérate afortunado, la vida está a tu espalda. Pero si está detrás, tu muerte será agonizante y el pequeño te arrojará por las escaleras al abismo debajo.

Llegarás al final de las escaleras y ambos niños te empujarán hacia una gran puerta de vidrio. Ellos te mirarán fijamente, y lagrimas caerán por sus rostros; dirán que no pueden ir más adelante, y apuntarán hacia la puerta. Debes entrar.

El cuarto estará a oscuras, salvo por un rayo de luz dirigido al centro. Parada en la luz estará una mujer, muy parecida a los niños, completamente sin color. Su cabello y vestido llegarán al suelo, blancos como su piel. Sus ojos son completamente blancos, y estarán mirándote fijamente. Si te sonríe, la has divertido; iluminará el cuarto con su luz y te volverás uno de los cuerpos retorcidos que componen la colección bajo su suelo de cristal. Si ella te frunce el ceño, te dará la espalda e iluminará la parte del cuarto detrás suyo, despertando a otros 7 seres, un hombre cacareante que sólo viste de negro, un hombre llorando vestido de blanco, un hombre gruñendo con penetrantes ojos rojos, una mujer haciendo muecas que viste sólo pétalos rosados, una niña sin emociones envuelta en verde, un hombre de aspecto enfermizo con cabello de plata y un sonriente hombre cubierto en riquezas. Ellos serán tus jueces. Debes elegir a uno, a aquel que sientas que te hará justicia. Camina hacia él, preguntándole en tu camino “¿Cuándo te despojarán de esta tierra?” Si elegiste el color incorrecto, se parará y sonreirá, pronto te sentirás resbalando hacia la nada. Si escogiste el color correcto responderá con un chillido horroroso, apuntando asustado a la mujer en el centro del cuarto. Los otros te maldecirán en muchos lenguajes diferentes y sentirás que el penetrante dolor desgarra tu cuerpo. Pronto, el que has escogido avanzará para abrazarte y susurrarte al oído sus enfermizas historias, las historias de tu muerte, de la muerte del mundo cuando cada respiro se haya desvanecido. No te muevas.

Las maldiciones se detendrán, el cuarto estará iluminado y los siete seres estarán mirándote fijamente. Donde la mujer estaba habrá una pequeña pluma, como de una paloma, cambiando su color continuamente.

Esta pluma es el Objeto 24 de 538. Con ella puedes tomar lo que era de ellos para dar.



El Portador de la Creación

En cualquier ciudad, en cualquier país, ve a cualquier hospital y pide visitar aquel que se hace llamar “El Portador de la Creación”. La empleada te mirará a los ojos, horrorizada, antes de ponerse de pie. Ella (y sólo una ella) te llevará a la sala de maternidad y empujará hacia una puerta cerrada, a través de la que deberás deslizarte.

Una vez cruzando la puerta, verás dos más: una a la izquierda y otra a la derecha. Debes escoger la dirección a la que estés más acostumbrado, esperando que tu destino guíe correctamente a tu mano. Toca la manilla. Si una luz se asoma por debajo de la puerta, debes entrar. Si no, debes correr al otro cuarto, lo más lejos que puedas. Duerme donde caigas y no confíes en nadie. No permanezcas bajo la luz solar; busca la sombra y reza al dios que prefieras porque pases desapercibido.

Si la luz es emitida de debajo de la puerta, o si por algún milagro evades la captura después de tu error y regresas a elegir una vez más, entra cautelosamente. El cuarto parece extenderse hasta la eternidad; no intentes comprender su tamaño o forma, muchos hombres mejores que tú se han vuelto locos intentándolo. A través de la inmensidad de este cuarto estarán los cuerpos de los fetos muertos y de los no nacidos. Aquellos capaces de hacer sonidos parecerán perforar tu conciencia con gritos, los que parecerán ser audibles y a la vez el producto de tu imaginación.

En el horizonte estará una madre, poco más que una niña, sosteniendo un bebé cubierto en una manta andrajosa en su seno. Un examen más cercano del lactante te dejará pensando acerca de su verdadera edad. Su expresión parecerá demacrada y agobiada por las preocupaciones; una mirada eterna y sabia te asegurará que esos ojos han olvidado más de lo que han visto.

Acércate a la madre tranquilamente. Si la sobresaltas e interrumpes su lactancia, tu única esperanza es susurrar, “No deseo molestarte, ni a tu hermoso hijo”. Si la has apaciguado, posiciónate de manera que puedas ver al bebé a los ojos. Una vez que lo hagas no debes romper el contacto visual por miedo de perturbar al infante y atraer tu propia condena. Sólo puedes preguntar una vez y sólo una pregunta: “¿Para qué hemos sido creados?”

El bebé se moverá y te envolverá con su tela andrajosa , aprisionándote y rasgándote miembro por miembro; no debes reaccionar ante el dolor o te arriesgas a no regresar a tu forma original. Si puedes soportar la agonía, te mirará a los ojos, y verás el comienzo del cosmos. Todas la cosas desde la creación de la existencia serán mostradas frente a tus ojos. La verdad del origen de los Buscadores será traída a la vida, y si no te vuelves loco por esta verdad, sentirás el calor de este conocimiento quemando dentro de ti. Este calor crecerá hasta que el dolor de las quemaduras supere por miles el de tus miembros rasgados. Sentirás tu cuerpo incendiarse, ardiendo en la nada, volviéndose nada mas que cenizas.

En lo más alto de tu dolor y angustia, si te las arreglaste para mantenerte estoico, notarás con tus ojos despojados de párpados que has regresado afuera, exactamente un día antes del incidente. En tus manos un manuscrito andrajoso con texto que parece preceder la existencia misma.

Este es el Objeto 25 de 538. Este libro anhela devolver los otros objetos a quien pertenecen, y dentro de él se encuentra el conocimiento críptico de cómo hacerlo.



Nota: La traducción de las historias de The Holders 21 a 25, fue hecha por el usuario que lo subió la siguiente página: